Argentina está de moda (por malos motivos, nuevamente) y regalada


Por Alejandro Radonjic

 

Argentina está de moda en el mundo, pero una vez más por los malos motivos y encima Los Pumas no levantan. El “Don’t Cry For Me, Argentina”, entre otros titulares, vuelven a las portadas globales con cierto regodeo, incluso. The Economist, por ejemplo, señalaba ayer que la actual es la sexta crisis desde los ’80. Está regalada (en dólares) y para los cachetazos de los que viven en países que crecen sin inflación, bajan la pobreza y pagan sus deudas. Algunos periódicos deben tener listas las notas en parrilla, como las necrológicas de los famosos que estiran su ciclo vital, prontas para el próximo cimbronazo macro.

 

Todos contra $ARGY

 

En los últimos días, varias voces influyentes dedicaron sus últimos días a escribir sobre el país más inestable del mundo. Andrés Velasco, Kenneth Rogoff, Paul Krugman, entre otros. Ayer, se sumó Joseph Stiglitz quien, encima, arrancó su pieza con un chiste sobre Argentina. Estamos para el cachetazo. Si bien se reparten culpas más allá de nuestras fronteras, y el FMI cobra en todas, son causales ex post. El FMI pudo haber agravado las cosas (es debatible), pero la crisis fue autoinflingida. 100% fatta in casa. ¿Acaso cuántos países fueron a pedir un préstamo de más del 10% de su PIB a Washington en el marco de una supuesta tormenta global y, encima, se lo gastaron y, tampoco, no estabilizaron la nave en el proceso?

 

El mundo financiero no quiere saber nada con Argentina. Está desarmando posiciones a lo pavote. Probablemente, tampoco querrá saber nada por varios años más. Hoy, el interés pasar por como salir sin perder tanta plata. El mundo se olvidará de Argentina, temen los más agoreros. ¿Deberíamos olvidarnos nosotros de ellos también y “vivir con lo nuestro”, como profesaba Aldo Ferrer? Lo ideal sería usar el leverage global, que además hoy es barato, en su justa medida. ¿Podremos?

 

“Vamos a defaultear con el mundo inyectando liquidez a lo loco y tasas negativas en todo el mundo desarrollado. Merecemos que no nos presten más ‘guita’ por 30 años”, sugería @AxelCardin, medio en broma (o sea, medio en serio) vía Twitter. En diálogo con El Economista, Cardin amplía: “Con el mundo entrando en recesión se están reanudando los programas de estímulo monetario (Quantitative Easing) en Europa, Asia y probablemente Estados Unidos en 2020. Todo esto con tasas que, salvo en Estados Unidos, ya son negativas y probablemente se las baje más. Es decir, si defaulteamos va a ser luego de desaprovechar más de diez años de un mundo con tasas 0 e inyectando plata en todos lados. Es como estar jugando solo en la cancha de once y meterte un gol en contra. Para tomar de referencia, en situaciones anteriores como 1982, 1990 o 2001, los defaults se dieron cuando no existían programas de estímulos monetarios y las tasas de Estados Unidos estaban entre el 8% y 18%. En los últimos diez años apenas pasó del 2%”.

 

La crisis sorprendió a varios. Lo dijo Rogoff. Si bien sabía, porque lo escribió, que Argentina es como un adicto en recuperación (Carmen Reinhart y él lo llaman, con más elegancia, “intolerancia a la deuda”), la velocidad de la crisis actual lo apabulló. La de 19982001 fue una agonía lenta y esperable, pero la de 2018-2019, señaló, fue como ver Shakespeare en 60 segundos.

 

No será fácil salir de esta situación, en todo sentido. Puertas adentro, por el deterioro de la situación social y el aparato productivo y puertas afuera, por el de la credibilidad del país. Exceptuando a los carroñeros, todos van a pensar más de una vez antes de comprar algún activo de Argentina y ni hablar de hundir capital físico. Esperemos que Vaca Muerta zafe.

 

Las visiones

 

Según el economista Héctor Rubini, estamos viviendo en una virtual autarquía financiera. El futuro dependerá de qué haga el nuevo Gobierno en tres frentes: control de capitales, deuda pública y el acuerdo con el FMI. El desarme de las Leliq será otro tema de agenda. Luego de esa agenda de corto plazo, dependerá de las reformas estructurales y las reglas de juego. “Si Argentina no cambia, no logrará despertar gran interés en el exterior. Hoy, el país no tiene nada interesante”, agrega.

 

Un trader, asentado en Wall Street pero con mucho aeropuerto encima, dice que el futuro puede ser malo o muy malo. “En Argentina habla (Matías) Kulfas para la tribuna, pero afuera hay otros interlocutores, como Emmanuel Alvarez Agis y Martín Redrado, que venden la no quita en la deuda a cambio de financiación para inversiones, sobre todo en Vaca Muerta. Cuando Alberto Fernández defina al que manejará la economía, te doy mi visión”, dice desde La Gran Manzana. “Hoy está todo lateralizando y esperando que gane Alberto porque el 28 ya se acabó la campaña. Luego de eso, Alberto será Presidente electo y sus palabras, decisiones y nombramientos pesarán más”, dice.

 

Allí, la deuda aparece como el gran nudo porque la salida “a la uruguaya”, dice el trader, es poco viable. “Sin quita no es sustentable la deuda, pero el problema es que, si hay quita, después no vendrá una gota de inversión”, agrega. La única esperanza, agrega, es que Alberto se convierta en Diego Maradona en el ‘86. “Cruzar los dedos, zafar de una crisis fuerte que colapse todo, lograr un arreglo rápido de la deuda y con FMI y ver si con expectativas nuevas podés cambiar la dinámica de la caída”, sentencia.

 

Hasta 2021

 

Según Ramón Frediani (Universidad Nacional de Córdoba), la crisis está en la mitad del río y dice que, cuanto menos, durará hasta 2021. En diálogo con El Economista, anticipa que crecerá la desconfianza hacia nuestro sistema bancario por cuatro temores. “Un posible Plan Bonex como el implementado el 1° de enero del 1990, que consistió en que el Estado reemplazó en el feriado de fin de año el saldo de los depósitos bancarios a plazo fijo por un bono en dólares a 10 años al 8% anual, que a los días de comenzar ya cotizaban al 30% de su valor; el temor a una pesificación de los saldos de los depósitos privados en dólares en el sistema bancario, mediante un canje compulsivo de ellos por parte del BCRA, como lo hizo Eduardo Duhalde en enero del 2002; el temor a una fuerte pérdida del valor real de los depósitos a plazo, ante una posible aceleración de la inflación, que deje muy atrás a la ofrecida tasa pasiva de interés bancario y, por último, el incremento de la incobrabilidad de la cartera de préstamos, que está debilitando la solvencia y la rentabilidad”, dice. Si los bancos se contagian, la crisis pasa a otra escala.

 

A la hora de hablar de inversiones extranjeras, dice Frediani, el “wait and see” de los inversores será obvio y se extenderá hasta tanto el PIB demuestre un crecimiento robusto. “Localmente, si algo se reactiva, será en base a utilizar la capacidad instalada ociosa existente, pero sin ampliarla en nuevas inversiones de capital”, agrega.

 

Sobre nuevas inversiones financieras desde el exterior, señala que no habrá carry trade por un tiempo. “Una renta en dólares del 1% afuera, hoy es preferible y más segura para proteger al capital, que una renta del 8% en Argentina, que de un día para el otro puede terminar negativa vía pérdidas de capital. Hoy, el mundo apuesta más a la seguridad que a la rentabilidad”, señala y proyecta que retornaremos a la clasificación de “economía fronteriza”, dejando de ser “emergente” (la alegría duró poco), el próximo 20 de junio, fecha en que se realizarán las reclasificaciones de países según el índice MSCI de Morgan Stanley. “En realidad, ya hemos vuelto a ser economía fronteriza como lo fuimos desde el 2009 hasta el 2017, desde que se implementaron desde agosto restricciones a remitir remesas al exterior, una de las condiciones que define si un país es emergente o fronterizo”, explica.

 

Una de las pocas “salidas” es el turismo internacional pero, dice Frediani, “¿quién se va a arriesgar a venir si hay frecuentes paros en aeropuertos y aerolíneas, inseguridad y manifestaciones todos los días en las calles, así como en muchos comercios y restaurantes no aceptan tarjetas de crédito”.

 

Peso propio (aún)

 

Desde una mirada más politológica, Tomás Múgica dice: “Aunque es difícil de estimar, resulta claro que las crisis recurrentes afectan la imagen de nuestro país en el exterior, especialmente en los círculos más informados acerca de los asuntos internacionales. Aparece como un país inestable, atrapado en problemas que se repiten y que en gran medida son atribuibles a decisiones domésticas. Por ejemplo, el endeudamiento masivo del actual Gobierno”.

 

El buen dato, dice, es que más allá de ser un paria financiero, Argentina tiene peso propio como para no caerse del mapa, aun si quisiera, como a veces parece. “Aún con sus innegables dificultades, Argentina es un país con más peso y reconocimiento externo de lo que muchos –a nivel interno– creen, como prueba su participación en clubes como el G-20 o el Grupo de Proveedores Nucleares. Sus recursos naturales (su capacidad de producción de alimentos o Vaca Muerta, por mencionar algunas), sus capacidades tecnológicas (en campos como el desarrollo nuclear pacífico y la biotecnología), una historia de convivencia exitosa entre diferentes etnias y credos y una producción cultural variada y reconocida internacionalmente son atributos valorados en el exterior. Hacia el futuro, estos activos deben servir para el desarrollo de una estrategia de poder blando, un componente importante de la inserción internacional del país”, agrega Múgica.

 

Stiglitz termina su editorial (que tiene aportes interesantes, por cierto), publicada ayer por Project Syndicate, diciendo que “the good news” es que Argentina está en el subsuelo y la única dirección es hacia arriba. Joe, ¿estás seguro?





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