Carolina Guevara: El amor romántico es una ideología del patriarcado



Hablamos de Amor Córdoba es un proyecto de comunicación social y educativo autogestionado. Carolina Guevara, junto a Natalia Gontero y a Laura Carolina Pérez, son sus gestoras. Trabajan desde 2008 en prevención y en investigación del problema de las violencias en noviazgos y relaciones amorosas juveniles a nivel local. Como producto, han elaborado la cartilla Salir conmigo: herramientas para construir relaciones erótico afectivas igualitarias.

–¿Hay nuevas construcciones sexo-afectivas entre los estudiantes secundarios?

–El mapa actual de relaciones es heterogéneo, en comparación con otras épocas. Hay mayor libertad para estar con otras personas. Los modelos de pareja han cambiado: hay más cortejos por las redes de internet y más relaciones ocasionales. Sin embargo, el noviazgo continúa siendo la relación más anhelada. El Movimiento feminista y el Ni Una Menos en las aulas han abonado la posibilidad de que se visibilicen parejas del mismo género, relaciones homosexuales entre chicas y chicos, que antes eran expresiones impensadas dentro del orden escolar.

–¿Implica otra configuración del amor sin romanticismo?

–Yo no diría que se ha acabado el romanticismo. De hecho, no es contra el romanticismo que luchan los feminismos, sino contra el amor romántico, que es una ideología del sistema patriarcal en nuestras sociedades. Lo que hay que preguntarse, o trabajar, es “qué tipo de amores queremos”. Cuando hablamos de amor con adolescentes, al tema lo plantean en términos idealizados, pero cuando trabajamos en el terreno, el concepto de amor aparece relacionado a comportamientos plagados de lógicas de dominación. Equivale a perder, resignar, limitar, vigilar. Es importante que las escuelas trabajen la educación sentimental, es decir, que reflexionen sobre las relaciones amorosas en términos de derechos y libertades, teniendo presente un enfoque de género.

–¿A qué prestan mayor atención los chicos?

–Valoran la confianza y el diálogo en los vínculos, el respeto. Y, por el contrario, no reconocen la desigualdad, les cuesta mucho identificar la violencia como tal.

–¿Qué aportes hizo el feminismo a estos nuevos códigos?

–El movimiento feminista, el movimiento Ni Una Menos y muchas leyes en Argentina han cambiado el orden escolar. Desde 2015, las aulas son territorio donde se grita “Ni Una Menos” y donde se reclama información sobre violencia en las parejas.

–¿Qué es “amor romántico”?

–El “amor romántico” se ha construido como una representación hegemónica de lo femenino, asociada a una “naturaleza amorosa” y “maternal”. La escuela fue una institución central en su reproducción, a lo largo del siglo 20 y, paradójicamente, la educación en este aspecto fue uno de los reclamos del movimiento feminista de fines del siglo XIX.

–¿Qué papel juegan las redes sociales y aplicaciones de citas?

–Los modos de vinculación de los más jóvenes son más amplios. Sin embargo, esto no ha supuesto una nueva configuración del amor, no ha generado un cambio conceptual. Lo fundamental es dotar de herramientas para que puedan identificar comportamientos no saludables. No vigilar ni prohibir.

Un amor libre, pero comprometido

Carmen (32) se sienta a la mesa y conversa con naturalidad del asunto. Muestra una foto de un auto “escrachado”, que dice “Si era poliamor, avisá antes”.

“Con un grupo de amigos hablamos mucho de las relaciones poliamorosas, porque todos nos vinculamos a partir de estas pautas”, dice a colación de la foto que se viralizó en redes sociales.

De chica, Carmen se metió de cabeza en el movimiento punk. De grande –cuenta– vivió relaciones amorosas “pasables”. “Siempre me pasaba que me gustaba otra persona estando de novia y terminaba defraudando al otro y sintiendo culpa”, recuerda.

En la actualidad, dice que intenta construir relaciones sin jerarquías. “Es más parecido a la amistad y se trata de respetar y de comprometerse. Pero sobre todas las cosas es apostar a la comunicación, a que realmente uno se pueda comunicar con la otra persona”, definió. Para ella, ahora el amor es gratificante. Y ha dejado de sentir una presión que antes era constante en su vida.

“No desaparecen del todo algunas conductas históricas, pero ahora se gestionan de otra manera. De pronto, estoy ‘afectando’ con alguien y llega otra de sus parejas, le da un beso en la boca y está todo bien, porque yo sé con claridad que eso va a pasar”, ejemplificó.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 14/02/2020 en nuestra edición impresa.





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