La familia que es el alma del Carnaval de San Vicente



Claudio Cisneros es un puente entre cinco generaciones de Carnaval sanvicentino. Hace 150 años, un grupo de familias empezó a gestar uno de los corsos más nutridos de la Capital. San Vicente, ubicado al este de la ciudad de Córdoba, que por estos días trajo otra vez la comparsa a sus calles.

El corso que comenzó ayer y continúa hoy, es conocido por sus imponentes indios infundiendo respeto y fue desarrollándose al compás del crecimiento demográfico del barrio.

Así lo relata Claudio: “Mi padre y mi madre crearon una de las asociaciones más antiguas, que fue madurando con la participación de todas las familias del sector, que cada vez fueron más numerosas”.

Amanda “la Yaya” Leiva se conoció con Luis “Tata” Cisneros. Se vieron por primera vez entre el polvo que se sacude en las calles cuando suena la música de cuarteto. Fue en barrio Panamericano.

El padre de ella llevaba la batuta en una comparsa que hacía lucir a barrio San Martín. Él, Cisneros, siempre fue indio de Carnaval, pero ahora de grande ya es un reconocido poeta y recitador.

Los dos son padres de Claudio, que con el resto de la familia soplan 150 febreros en San Vicente. Pero el Carnaval no es cosa de dos noches.

“En marzo comenzaremos otra vez a armar el próximo despliegue. Y así cada año. En casa hago todos los trajes de los muchachos, mientras las mujeres se cosen sus propios atuendos y sus madres colaboran”, comentó Yaya.

Para las madres, la ocasión es única. “Los chicos van al club Unión San Vicente, van a estudiar, pero van con toda su alegría a preparar el Carnaval. Para nosotros esto es la alegría”, comenta “la Porteña” sobre el impacto que tiene este proceso en su domicilio.

Claudio dice además que desde siempre fue un sitio para pelear contra las drogas. “Los chicos entran a la comparsa y se salvan de todo lo demás. Somos un grupo que está en constante movimiento y que tiene en claro que para hacer lo que hacemos, tenemos que estar a pleno”, define.

En efecto, mientras el “Tata” recita un verso que arenga a la muchachada, suena un silbato y desde el más alto hasta el más bajo tocan un ritmo electrificante. Es una especie de conjuro que, en sintonía, invita al cuerpo de baile. Y este le responde con un paso sostenido.

Alejarse y ver la comparsa es mirar el San Vicente profundo. Con chicos que se crían todavía en las veredas. Y que a las cinco de la tarde salen derecho para el club. Que vuelven del colegio y corren hacia la casa de la “Yaya” y del “Tata” a tomar la leche.

“Acá también golpea el hambre. Y hay muchas necesidades. Entonces entre todos nos organizamos y armamos un merendero. Pero cada vez tenemos más chicos y cada vez son más las necesidades. Nadie nos ayuda, lo hacemos solos porque es lo que hay que hacer”, dice la “Yaya”, convencida de que con amor y solidaridad todo se puede vencer.

Brillo y baile. Los chicos ensayan desde marzo y a los trajes los cosen las propias familias que participan de la comparsa.

Entre la calle y el Carnaval

No sólo están los chicos. La “corseada” abraza a los adultos, a los jóvenes y a todos los vecinos que se suman, sin distinciones.

“Volver a San Vicente, a las calles del barrio, y lograr que este evento transcurra con naturalidad, sin problemas de ningún tipo, es una manera de decirle a todos que esto es real”, dice Claudio.

Lo que pasa es que el emblemático evento, que a lo largo de los años se realizó en cada una de las tres plazas más importantes del barrio (Lavalle, el Mercado y la Urquiza), tuvo que mudarse al parque Sarmiento.

“Se vivieron escenas complicadas. Hubo violencia y es lo que con el tiempo fuimos erradicando. La gran convocatoria de ayer respalda nuestra idea: el Carnaval es de aquí”, manifestó “Yaya”.

“Los chicos van con toda su alegría a preparar el carnaval. Para nosotros esto es la alegría”.

Por otra parte, instalar de nuevo esta manifestación artística urbana en el centro del barrio, es una apuesta a seguir desplegando un trabajo social continuo.

“Durante el año hay apoyo escolar para los chicos, se enseña fútbol, hay talleres de arte. Es hermoso ver que los chicos llegan a mostrar sus libretas para respaldar su participación en la organización del Carnaval”, cuenta la mujer.

Este año, el lema que llevan como estandarte es “Por una sonrisa al alma de los niños”. El desfile comienza en la esquina de Pellegrini y San Jerónimo y se dirige hasta San Jerónimo y Costanera, donde habrá montado un escenario. Se espera que en total asista una cantidad superior a las 50 mil personas.

“Para garantizar la seguridad tenemos una imbricada organización interna y le hemos hablado al barrio, para que nos ayude y nos acompañe. El Carnaval es de todos, todos lo vivimos y lo disfrutamos. Pusimos además un horario tope”, explicó Claudio.

Los bombos y los redoblantes, junto al color naranja y la luna de San Vicente, siguen alumbrando este largo sueño que nació un día y da vida a los mejores anhelos colectivos de los barrios.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 15/02/2020 en nuestra edición impresa.





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