Necesidad de mantenimiento constante | La Voz



El deterioro que presentan los centros de participación comunal de la ciudad de Córdoba es tan lamentable como inexplicable. Los informes técnicos hablan de falta de mantenimiento, pero también de fallas en el diseño. Se mencionan, por ejemplo, fisuras estructurales, filtraciones y goteras que derivan en humedades, que a su vez generan problemas en las instalaciones eléctricas.

¿Se puede trabajar y atender al público en esas condiciones? El CPC de Centro América resolvió que sólo abrirá los días con buen tiempo. ¿Puede ese criterio determinar el funcionamiento de una gestión municipal?

El CPC es el elemento básico de una descentralización administrativa de la Municipalidad hacia los barrios, que nunca fue más allá de permitirle al vecino hacer algunos trámites cerca de su casa, además de proponerle, en el mismo edificio, una serie de actividades culturales.

Centro América no es una excepción, sino un ejemplo de lo que, según la nueva administración, ocurre en todos los CPC. El de Argüello tiene un tablero eléctrico humedecido por las filtraciones de agua; el de Colón, pérdidas de gas. En Rancagua, hay tableros eléctricos dentro de las oficinas y ya se incendió uno de ellos; además, como el cableado es inadecuado, se recalienta con facilidad y provoca cortes de luz. En Monseñor Pablo Cabrera, hay piezas del techo que se volaron y otras, en los bordes de los faldones y cumbreras, se desprendieron. Al auditorio del de Ruta 20 le entra agua. El Chalet San Felipe tiene grietas y hundimientos, igual que los CPC de Villa El Libertador y de Pueyrredón.

El cuadro no es nuevo. No puede decirse que se haya generado en el último año o incluso durante la última gestión. Es un problema histórico, al que no se lo enfrentó nunca con la decisión y con la constancia requeridas, sino con parches provisorios que, a la larga, agravaron la situación. De nada sirve que los peronistas que acaban de asumir se agarren del tema para criticar a los radicales que gobernaron hasta diciembre.

La realidad es que, según los cálculos de la Subsecretaría de Participación Ciudadana, hacen falta unos 420 millones de pesos para dejarlos a todos en óptimas condiciones.

Eso nos lleva al núcleo de todos los problemas que afronta la Municipalidad de Córdoba desde hace casi dos décadas: la falta de recursos. No porque tenga una baja recaudación, sino porque gran parte de su presupuesto se destina a pagar los altos sueldos de sus numerosos empleados.

De ese modo, el deterioro de los CPC se vuelve símbolo de lo que las últimas gestiones omitieron: la imperiosa necesidad de realizar un reestructuración severa de sus egresos.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 14/02/2020 en nuestra edición impresa.





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