Preocupantes datos sobre acoso en la escuela



El reciente informe de las pruebas Pisa no sólo ha dejado resultados sobre el desempeño académico en Lectura, Ciencias y Matemáticas, sino también sobre diversos aspectos de la vida escolar, recogidos a través de una encuesta.

Así, podemos saber que dos de cada 10 alumnos cordobeses de 15 años –la edad de quienes fueron examinados en las pruebas Pisa– se sintieron acosados o fueron golpeados o empujados en la escuela en los últimos 12 meses. El 36 por ciento asegura que lo marginaron. A cuatro de cada 10, les quitaron o les rompieron sus cosas. Se trata de situaciones de acoso, amenazas esporádicas o bullying.

Si bien pueden encuadrarse como acoso escolar distintas formas de maltrato físico, verbal o psicológico de un alumno a otro, el bullying sería el hostigamiento sostenido en el tiempo.

Las cifras son elevadas. Aun si admitiéramos que llevarlas a cero en todos los casos es imposible, que más de un tercio de los jóvenes se sientan aislados por sus pares o que el 20 por ciento de ellos hayan sido golpeados o acosados en la escuela no son proporciones admisibles. Menos aún, entonces, que un 40 por ciento afirme que les quitaron o rompieron sus pertenencias.

Con todo, el costado más interesante de la encuesta es aquel que indagó sobre las percepciones que tienen de estas cuestiones quienes fueron testigos de situaciones de acoso o bullying. En tanto el 74 por ciento cree que hacer bullying es una actitud reprochable.

El 84 por ciento de los chicos aseguran sentirse mal cuando son testigos de acoso o si saben que un compañero es amenazado. Casi nueve de cada 10 reconocen que les gusta que alguien defienda a quien es hostigado.

Pero tan sólo el 45 por ciento cree que está bien defender a alguien que es amenazado, y el 39 por ciento se enoja cuando alguien adopta una actitud pasiva frente al abuso.

Esas marcadas oscilaciones podrían indicar lo difícil que es para los adolescentes actuar según sus valores en un contexto hostil.

Si tres de cada cuatro impugnan la situación de bullying y nueve de cada 10 se sienten a gusto cuando alguien defiende a la víctima, los valores están claros para la mayoría.

Ahora bien, si algo menos de la mitad de ellos están dispuestos a defender al agredido, es porque les resulta muy difícil frenar a los violentos, aunque no sean muchos.

Poner en acto los valores en los que uno se ha educado es fundamental para afirmarlos. Ayuda a darle sentido, seguridad y confianza al adolescente.

Pero para sortear los obstáculos entre la teoría y la práctica hace falta el acompañamiento de adultos comprometidos con esos mismos valores.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 11/12/2019 en nuestra edición impresa.





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